se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla...

8 de junio de 2008 desde la Ciudad de Panamá



Distrito bancario Ciudad de Panamá, desde el muelle de pescadores.

en realidad no nos vamos a Barranquilla, pero mañana volamos desde Panamá a Cartagena de Indias y el avión hará una pequeña escala en el aeropuerto de Barranquilla, así que he aprovechado la musicalidad de esas letras para titular nuestro último post desde Panamá. Finalmente la solución más económica que hemos encontrado para llegar a Colombia ha sido volando, no era de nuestro agrado por varias razones, hemos tenido que empaquetar de nuevo a Rucio y a Rocinante, y nuestra intención inicial era hacerlo por tierra (mar en realidad), pero al final no hemos encontrado otra opción, hemos estado investigando la manera de meternos en un barco mercante desde Colón (Panamá), hasta Colombia, pero los barcos mercantes, son eso mercantes, está complicado que acepten pasajeros, otra opción era ir hasta el archipiélago de San Blás e ir de isla en isla buscando una lancha que nos llevase a Puerto Obaldía, para después cruzar a Colombia en otra lancha hasta Capurganá, y de ahí con otra lancha hasta Turbo donde ya empieza la carretera, en fin un rosario de lanchas y transbordos para después de esta peregrinación costarnos, más o menos lo mismo que el vuelo con una compañía de bajo coste colombiana, pero mil trastornos más, (cada vez que Rucio y Rocinante montan en una de estas pequeñas lanchas nuestros nervios acaban traspasando la zona roja...). Por último nos hemos puesto en contacto con algunos capitanes de veleros que realizan esta ruta para turistas en cinco días, parando en el archipiélago de San Blas un par de días para hacer buceo, snorkeling y fiestas con hogueras en alguna playa desierta con todos los gringos de tu barco, (la idea no resultaba muy seductora a priori...), el archipiélago de San Blas es de una belleza infinita y casi virgen, con multitud de islas diseminadas por aguas cristalinas de apenas un par de metros de profundidad, diminutas islas donde sólo hay una palmera o en otras donde sólo vive una familia, en fin un paraíso. Estas islas son el territorio de los indígenas Kuna, una de las pocas comunidades que disponen de su propia autonomía, sus propias leyes y costumbres en todo el continente americano, la verdad es que me encantaría pasar una temporada con los Kunas, pero desde luego de ninguna manera llegando en un velero con 6 turistas más haciendo fotos y buscando una playa para hacer un botellón... Bueno como os decía no hemos encontrado ningún capitán que nos llevara a Cartagena más o menos rápido sin tanta farfolla y pendejada, el más barato nos pedía 275$ por cabeza y nosotros poníamos nuestra comida para los 5 días de navegación, así que al final con lo que nos cuesta un viaje en velero volamos los cuatro en avión, Kuna Yala quedará pendiente para otra ocasión... Gran parte del tiempo en la ciudad de Panamá lo hemos dedicado a eso, simplemente a ver como cruzábamos hacia Colombia, la carretera panamericana se corta un poco más abajo de la Ciudad de Panamá, convirtiéndose la selva del Darién en una de las pocas fronteras naturales que existen en el mundo, como el estrecho de Gibraltar, el Desierto de Arizona, etc. Desde la última población Yavizá donde acaba la carretera, (la carretera, porque el asfalto acaba 200km antes...), hay más de 300km de espesa selva virgen hasta la frontera con Colombia, poblada por infinidad de animales, reptiles venenosos y mosquitos sedientos de sangre para propagar la fiebre amarilla y la malaria, también se encuentran tribus indígenas que no se caracterizan especialmente por su hospitalidad con aquellos que osan enturbiar su paz, y por último guerrilleros, paramilitares, narcos y bandidos de toda especie desaconsejan completamente la incursión en las zonas remotas del Darién... de cualquier manera no hacía falta tanto personaje peligroso, si Ana y yo tenemos que adentrarnos en la selva para recorrer 300km..., a los diez minutos estaríamos completamente perdidos y desorientados, con la angustia y el pánico nos comeríamos los víveres en los siguientes 10 minutos, con lo cual nuestras posibilidades de supervivencia al margen de guerrilleros y serpientes serían francamente remotas... mejor ni lo intentamos... ¿De la Ciudad de Panamá qué puedo contaros?, pues que tiene tres caras muy bien diferenciadas, el distrito bancario, las pequeñas partes del Casco Viejo que han sido restauradas y el resto. El distrito bancario es eso, bancario..., rascacielos, grandes centros comerciales y carteles de visa y marstercard por todos lados, aséptico y sin ninguna gracia especial. El casco viejo restaurado, es una parte muy pequeña del casco viejo, básicamente edificios oficiales y restaurantes y cafeterías de alto copete, espacios reducidos a los turistas con dinero y la clase acomodada panameña. El resto..., ¡el resto es la caña!!!, adolece de los mismos problemas de suciedad y falta de mantenimiento general que sufren muchas de las ciudades centroamericanas, pero la vida en Panamá es frenética, empezando por la grandiosa mezcla de razas, criollos, mestizos, negros caribeños, kunas y otros indígenas de diferentes regiones de Panamá, indúes, árabes y una legión de chinos que controlan todos, todos, todos los supermercados de Panamá, así como gran parte de restaurantes baratos, lavanderías y ferreterías y por último los turistas y expatriados extranjeros que han venido a Panamá a trabajar o a retirarse. El ritmo en la calle es mezcla de todas esas razas con sus virtudes y sus miserias, desde luego en relación a las otras ciudades centroamericanas que hemos conocido, Panamá las supera de largo en cosmopolitismo, si es que se puede decir así, que no lo tengo muy claro... Nosotros ayer por la noche, mientras estábamos paseando en los alrededores de nuestra pensión, en una de las zonas "calientes" por llamarlo así de la ciudad, de repente se detuvo una patrulla de policía enfrente nuestro, sin razón aparente me detuvieron, me cachearon, miraron mis tatuajes, (me corté el pelo el otro día en un callejón de la ciudad y debo de tener pinta de pandillero o algo así, quién sabe...), y como suele ocurrir en estos casos ni Ana y ni yo llevábamos nada de documentación, nos hacían las preguntas intimidatorias de rigor, como "cuando llegaron a Panamá?" y Ana y yo respondíamos de forma contradictoria, "una semana" decía Ana, "tres semanas" decía yo..., con lo cual nuestras explicaciones a los agentes empezaron a resultar erráticas y sin sentido, en fin estuvieron un rato dudando si llevarnos al cuartelillo por indocumentados y supongo que "peligrosos" por andar paseando en semejante barrio por la noche..., pero al final conseguimos convencerles que demostrar nuestra identidad era tan sencillo como ir a la habitación de nuestra pensión y mostrarles nuestro pasaporte guardado entre la ropa sucia para evitar un posible robo...

nada más, lo próximo desde Colombia...

ana+alberto





Barco pasando por las exclusas Miraflores del Canal de Panamá...



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este post lo hemos publicado con electrones 100% reciclados...

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